Descendiendo al Valle de la desgracia
AVERSIÓN MÃS GRANDE QUE ÉSTA NO HA PODIDO
TENER EL HOMBRE
Por: Kirk A. Hayes
Cuando, en el curso de los eventos humanos, alguno está deseoso de brindar su vida por el prójimo, como ya ha sucedido en nuestra historia, la persona que hace tal sacrificio ha sido, tan legÃtimo por cierto, tenido y considerado en gran estima por aquello de “amor más grande que éste no ha tenido hombre algunoâ€. El hecho mismo que el género humano haya efectuado tales sacrificios, voluntariamente, guiado y actuando de acuerdo a los principios de nuestro CREADOR, demuestra que la humanidad ha estado imbuida de un amor tal por su prójimo que no existe otro sacrificio más grande, a pagar, que ese.
De otra parte es el acto supremo de ARROGANCIA y NARCISISMO, es la indicación de una BANCARROTA DEL CÓDIGO MORAL el robar a alguien – - -como al que no ha nacido aún.
Esta bancarrota del código moral ha reavivado los términos: “recursos humanos†y “capital humanoâ€, para ser aplicados a nuestros prójimos y ciudadanos, incluyendo a nuestros niños, nacidos o no, y a nosotros mismos. Lo único que uno necesita es observar y reparar en las definiciones de “recurso†y “capitalâ€, para verificar la veracidad de esta afirmación. ESTOS SERES MUERTOS, POR ACCIÓN DE HABÉRSELES ROBADO SU PROPIA VIDA, SE UNEN A LOS CIENTOS DE MILLONES DE INDIVIDUOS A QUIENES SE LES HA NEGADO EL DERECHO DE SU LUGAR EN LA SOCIEDAD, AL SER USADOS EN ARAS DEL “GRAN BIENESTAR†DE LOS DEMÃS (un eufemismo del Estado para justificar todo lo inmoral e ilegal que nos afecta al resto de nosotros).
Las vidas de estos individuos han sido permutadas para cumplir con los deseos y aspiraciones codiciosas y apagar, en nuestras mentes, la sed de sangre de su naturaleza, cuyo único objetivo es mantener a todos llenos de codicia y sed de sangre, de tal forma que ellos puedan declarar que todos nosotros “somos hechos a su imagen.â€
Nos hemos convertido una sociedad en la que ya no se considera más a los otros sino a nosotros mismos, que buscamos nuestros propios intereses o auto-engrandecimiento y hedonismo, habiendo asà borrado de nuestras mentes el concepto de un SER SUPREMO que nos guÃe a todos. Esto nos ha llevado, o más bien traÃdo, al “valle de las desgracias†en donde la muerte (el aborto), el consumo (la investigación sobre las células que originan la vida), y la venta (de las partes fetales) de nuestros propios hijos ha venido a ser aceptable para nuestra propia ganancia.
Aún asà persistimos en nuestra hipócrita declaración de “Confiamos en Diosâ€. Los problemas de la sociedad que vemos a nuestro alrededor constituyen el precio de nuestras acciones sin principio moral. La factura reza: “Deuda a pagarâ€; y continuará y se empeorará en tanto que nosotros sigamos dentro de ese valle de desgracias, vacÃos aun de los más rudimentarios principios religiosos como es el aplicar el bien y el mal.
En tanto que estemos imbuidos en esos principios del Estado, donde nosotros no somos más que “recursos†y nada más, la caÃda hacia la desgracia continuará, al igual que el MAL -y si se deja a un lado sin ponerle atención por último nos afectará y nos devorará a todos.
La llamada de la sirena, por un servilismo plácido,, es el pago por las nebulosas promesas de los hacedores del mal entre nosotros, lÃderes incluidos, a expensas de la vida, de la libertad y de las metas de cómo obtener la felicidad, que sólo podrá tener un final. La maldad siempre extrae su precio y sólo habrá de aceptar el “pago totalâ€. Ese pago demanda, querámoslo o no, la destrucción FINAL de todo, envolviendo a sus seguidores y adeptos en una merecida cloaca de muerte y destrucción.
Hemos descendido al valle de las desgracias. No hemos resistido. Nuestra sociedad y sus males son el resultado de este descenso. ¡La destrucción final nos espera! Proseguimos el camino del mal, cimentado por nosotros, de una manera y forma tales que no cuestionamos, abrazando, aún, toda forma de maldad para obtener ganancias egoÃstas e importancia personal, magnificando y elevando el YO a un nivel de deificación, usando y abusando de cualquiera, y de todo, en tal proceso.
La “libertad†y la “tolerancia†se emplean para caracterizar este mal, insinúando con ello que la esclavitud de hacer el mal es “libertadâ€, y el aceptar el vil mal es “toleranciaâ€.
¡AVERSIÓN MÃS GRANDE QUE ÉSTA NO HA PODIDO
TENER EL HOMBRE EN TODA SU HISTORIA!













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