Se vistió la reina Ester
en el tercer dÃa,
vestida de su color
que al oro parecÃa,
con grande mancÃa
se fue ande el rey.
El rey que la vido venir,
pedrió su tino,
a la color del vino.
—¿Qué es la tu venida, Ester? ¿qué es la tu demanda?
—Un convit quero hacer
en la tuya casa,
con toda tu compaña
y Hamán también;
y a también quero tener
largas las tus mesas,
viva tu riqueza.
Alevanta, Mordejay,
vÃstete este sayo,
toma la corona,
súbete al caballo,
te llevaré al baño;
yo te lavaré,
y también te almizclaré, y
o, que so ligero,
telek y barbero.
—Non me puedo alevantar,
que está enflaquecido,
ses dÃas hace, con hoy,
que pan no he comido,
ni agua bebido,
yo y mis talmidim:
todo por modo de ti,
el Dió que te mate
y a mÃ, judÃo, escape.
Debemos de hacer fimbus
en estos dos dÃas,
en hinchando el rabus
ende los NahmÃas,
por hacer conquÃas
a el Amalec;
hagan baño con telek:
todo va a un cuento,
non mires el resto.
(partitura n° 43)
Con gran placer, señores,
os vengo a contar
lo que ha sucedido
en el mes de Adar:
milagros,sagrados,
que nos hizo el AltÃsimo,
el AltÃsimo Padre,
gran Dios de Israel.
Hamán mamzer, el malo,
pensó de aniquilar
a Israel amado
en el mes de Adar:
pensólo,
sellólo,
mas Dios no confirmólo,
porque es padre piadoso,
gran Dios de Israel.
Cuando Ester, la reina,
lo vino a saber,
por Mordejay encomienda,
que lo fueran a traer,
lloróse,
ansióse
con él aconsejóse:
que pidiera piedades
al Dios de Israel.
Ordenaron tres ayunos
que habÃan de hacer
grandes, chicos y medianos,
todo el pueblo de Israel:
llamaron,
clamaron,
y a Dios se encomendaron,
al único padre piadoso,
gran Dios de Israel.
Ester, la tan lucida,
vistióse de reina,
fue a ver si el rey tuviera
de Israel piedad;
hermosa,
graciosa,
y como el sol brillosa,
la dice el rey:
—¿Qué quieres, señora de Israel?
Ahasverós potente,
os vengo a demandar
piedades de mi gente,
non las podéis negar;
cautivos,
vendidos,
de Hamán perseguidos,
porque siempre mal quiso
al pueblo de Israel.
El rey, con ira y saña,
de allà se levantó,
diciendo que se engaña
quien tal cosa pensó;
entonces,
a voces,
tiraron con mil coces a
Hamán del palacio,
enemigo de Israel.
Mandó a hacer en su casa,
el mamzer de Hamán,
una horca espaciosa
para Mordejay Neemán;
la hizo
con riso,
probó la horca que hizo, Hamán y sus diez hijos,
enemigos de Israel.
Pidió del rey piedades,
no las pudo obtener,
porque él quiso hacer mal a Mordejay y Ester;
cuitado,
desdichado,
cayóse desmayado,
por verse ya vencido
del pueblo de Israel.
Celebremos estos dÃas
del alegre Purim,
porque en ellos tuvimos
muchÃsimos nisim;
comamos,
bebamos,
también nos emborrachamos,
y alegres estemos
todo el pueblo de Israel.
Canción SefardÃ













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