Todos tenemos en nuestro corazón al niño interno vivo, tengamos los años que tengamos. Ese niño pudo ser huérfano (no solo cuando murieron los padres sino en ausencia de ellos por enfermedad o debilidad de carácter o por exceso de trabajo) y sufrir grandes rechazos, o no ser adaptado fácilmente por la familia y la sociedad (colegio, amigos, vecinos).

Ese niño interno es nuestro guardián de la inocencia, el que cuida nuestra transparencia, o el que nos permite ver las cosas en su pureza interior.

Es el que aprende a cuidar de sí mismo, el que nos muestra las necesidades propias.

La fuerza del niño interno es la que supera todo, es el que nos da las fantasías para soñar con un mejor mañana.

Tener a nuestro niño interno herido, dolido, extraviado... es tener la esperanza y la fe perdidas.

Sanar sus heridas nos permite contactar con el optimismo, con las ganas de arriesgarse, con la esperanza de una vida protegida y segura, nos permite estar abiertos a los cambios y novedades, nos abre a la posibilidad de perdonar y de confiar a pesar de todo, nos da la imaginación, y entramos al mundo de la diversión y la creatividad. Además nos permite ayudar a otros.

Tener herido al niño interno nos hace ser demandantes, egoistas, sentir un temor paralizante ante los problemas de la vida, nos hace ser dependientes, con baja autoestima, nos vuelve cuidadosos, nos inmoviliza. Nos volvemos rebeldes sin causa, escépticos y pesimistas. Nos hace culpar a todos y nos produce una gran resistencia a avanzar en la vida. Nos vuelve irresponsables.

El niño interno debe aprender a entender con el corazón:
"La vida debe ser justa... pero no siempre lo es"

Lo invito a ver el video de "Patito Feo" hecho por Walt Disney en 1939 que dura un poco mas de 8 minutos y luego, hacer una carta a patito feo:
Qué le diría a Patito Feo si usted hablara con el?